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dijous, 29 de maig del 2008

Cuestión de justicia


Ayer se inició el juicio contra Federico Jiménez Losantos por injurias contra Alberto Ruiz Gallardón. A la espera que el juez decida si las acusaciones proferidas por Losantos constituyen delito, el comunicador ya ha soltado algunas perlas. La primera de ellas: “Información y opinión no se pueden separar”. Una sentencia bastante cuestionable. En primer lugar porque lo que el periodista considera opinar, es en realidad jugar al jaque-mate con aquellos que le estorban. Y en segundo lugar porque, si bien es cierto que la ideología siempre está presente, no debemos olvidar que el trabajo de periodista, como muchos otros, conlleva una responsabilidad. Una responsabilidad que Losantos ignora día a día al usar su programa como plataforma de adoctrinamiento.

Sin embargo parece que el duro trabajo que ha realizado Losantos como publicitario no le ha dado resultado. Después de hacer el trabajo sucio, el ala dura del PP ha dejado al periodista solo. Presentados como testigos de la defensa, Esperanza Aguirre, Eduardo Zapalana y Angel Acebes han negado que Alberto Ruiz Gallardón sea un traidor.

Que sea un traidor o no poco importa. Lo que de verdad importa aquí, sea o no sea delito, es que Losantos ha traspasado la línea del insulto. Resulta mezquino servirse del dolor de la gente que perdió a familiares en el 11-M. El periodista de la COPE ha llevado a cabo un buen golpe bajo, ha manipulado de manera impune un hecho traumático para la sociedad de este país. Frases como "El alcalde de Madrid no quiere saber quién mata a la gente de 200 en 200 en su ciudad" duelen a cualquiera con un mínimo de sentido común.

Lo que más hiere es que el “justiciero de la COPE” se escude en el humor, según él sus insultos son “expresiones coloquiales, humor”. ¡Qué fácil es ver la paja en el ojo ajeno y que difícil ver la viga en el propio! Es decir, es “abyecto” e “inmoral” pedir que se mire hacia delante pero hacer humor y chascarrillo sobre masacres es una cuestión de justicia. Pedro J. Ramírez ha afirmado que “si condenan a Federico, sería tanto como censurar y retroceder en la libertad de expresión”. El señor Pedro J. Ramírez se olvida de que existe un límite a este derecho, el derecho al honor.

Alejandra Palés

dimarts, 27 de maig del 2008

Espécimen Rajoy


Ayer me acerqué hasta la plaza de Colón para visitar la exposición de anatomía humana que lleva por título Bodies. La impresión que genera ver a nuestra especie más allá de cómo Dios la trajo al mundo queda atenuada por la presentación que sus organizadores tienen preparada. Hay algunos cuerpos casi enteros, simplemente despellejados, y algunas pieles sin cuerpo. Lo que más llama la atención es la manera de tratar el “género”. Los taxidermistas de la exposición cortan los cuerpos de forma transversal, o a la altura de la cintura, en pequeños trozos, o en cuartos, en láminas e incluso en juliana. Sobre lo que queda de esos seres se puede leer: “este espécimen…”. Parecen haber olvidado la procedencia del género. Humanos. Asiáticos para ser exactos. Algo que la organización tiende a no mencionar.
Hoy hace un año Rajoy, Aguirre y Gallardón salían al balcón de Génova para celebrar la victoria en las autonómicas y municipales de 2007. Como los carniceros de Bodies, hoy los líderes del PP parecen haber olvidado lo bien que se llevaban. Poco a poco van sumándose las voces que reclaman a trozos parte del espécimen. Del espécimen Rajoy.
Es el caso de Elorriaga que pide su cabeza sin miedo a crear una escisión definitiva y entendiendo que es mejor cortar y empezar de cero. El presidente de FAES, aquel que lo puso en el trono, pide sus articulaciones: pretende que le paren los pies ahora que con sus manos no puede sujetar las críticas internas. Esperanza Aguirre poco a poco va chupándole la sangre al que otrora respaldase. Espera que el desgaste, o la hipotensión, hagan caer a su líder por sí sólo. Gallardón es uno de los pocos pulmones que le queda a Rajoy y sus declaraciones son para él como un soplo de aire limpio. Fraga, cuya edad no es propicia a los cambios, pide por su memoria, en su opinión el líder debe ser incuestionable hasta el congreso. Y los duros con su espantada le han ido despellejando a tiras.
Más allá del cuerpo de Rajoy se han desprendido no una sino dos almas que se transmiten hasta los fieles a través de dos voces de la conciencia independientes. Algunos podrán regirse por la voz de la razón. Otros se considerarán gente de mundo. Lo que está claro es que el desmembramiento del líder popular afecta y divide los planteamientos de un partido. Algunos pensamos que los cambios son positivos, especialmente para una oposición anquilosada. Llegamos a pensar en la regeneración de un ideario que huele a antiguo. Para que haya revolución debe correr la sangre. No se ofenda el líder popular por las “rajadas” de sus camaradas. Para que haya revolución debe correr la sangre. Lamento que sea la suya señor Rajoy.

dijous, 15 de maig del 2008

La piel de Rajoy


ETA ha recurrido a su coche bomba de antaño para atacar cuarteles de la Guardia Civil. ETA ha regresado para matar. Lo ha logrado. Y ha vuelto a unir a todos los españoles. Pues en el acto de condena al atentado de Legutiano han comparecidotodos todos los partidos por vez primera desde antes del fatídico Barajas. Pleno parlamentario en la calle para la repulsa a la banda terrorista. Y ello incluye, por supuesto, al Partido Popular, que se resistía hasta ahora a acompañar su firma (y su foto) del brazo del Partido Socialista. Prefería hacerlo en su solitaria solidaridad. Como si de solidaridades hubiera de diversos tipos.

Y es que después de cada atentado, el PP ha ido pidiendo un compromiso de los poderes públicos a no volver a dialogar jamás con ETA. Siempre se le ha negado tal propuesta. Esta vez, no ha sido una excepción. Porque aceptar la propuesta del PP es mala idea. Lo ha sido hasta ahora y lo seguirá siendo en futuras e indeseadas ocasiones. Y es que es bien sabido que cerrar puertas nunca fue productivo. Por eso sorprende a priori que Mariano Rajoy haya decidido cambiar sus hábitos y arropar con su gruesa manta la dirección de la mayoría política. Pero solo sorprende a priori.

A posteriori, lo que ha cambiado la actitud de Rajoy se llama 9-M. Para puristas, se llama Adiós a Zaplana y Adiós a Acebes, e incluso, si se prefiere, se llama María San Gil. Se llama cambiar de rumbo. Se llama rectificar cuando es evidente que la dirección tomada no era la correcta. Rajoy quiere acercarse en lo posible al centro, menguar su reputación de crispador, asegurar una reducción de aquel su maldito voto útil y mostrar su capacidad para ganar. Tal vez, a la tercera.

Su a priori sorprendente y solidaria reacción esconde a posteriori una lógica coherencia con los pasos dados por su partido desde la derrota electoral. Pero ¿es tal la reforma ideológica de Mariano Rajoy? ¿Pudiera ser una piel de cordero para el mismo lobo de siempre? Parece que la piel no gusta de Zaplanas ni Acebes. Parece que María San Gil se cree a la piel y prefería al lobo. Lo que si está claro es que al menos ahora hay piel. Y quizás arraigue. Ya es mucho, viniendo de donde viene.